Bueno, pues como en todos los viajes
llega el ultimo post, el ultimo día, las ultimas fotos. Temprano por
la mañana nos despertaron unos golpes en la puerta de nuestro
apartamento. Pensábamos que era el dueño, pero eran las 6 de la
mañana y parecía raro que alguien despierte a sus clientes tan
pronto y con tanta urgencia. Reacciono, me levanto y no hay nadie en
la puerta. Tras unos segundos de incertidumbre oigo unas carreras de
piececitos pequeños por el techo de metal y.... listo, al otro lado
de la habitación, saliendo por entre la terraza y subiéndose a los
arboles, unos monos traviesos estaban jugando con nosotros. Les ha
faltado señalarnos y reírse en nuestra cara. Bueno, lo han hecho en
su idioma.
Nos fuimos al parque temprano, porque
ya nos avisaron que aquí la semana santa se pone todo hasta la
bandera de turistas. La mayoría tikos. Y así era. Ni una sombra en
los parkings, cientos de visitantes en hordas por el parque, haciendo
ruido y espantando a los animales....un poco desastre. Cada vez que
algún animal se despistaba y aparecía a la vista, allí se agolpaban
en grupo los visitantes para apuntarles con las cámaras y comentar la
jugada. Lo cierto es que fue un poco desilusionante.
Quizás si
hubiera sido este el primer parque que hubiéramos visitado, todo nos
hubiera parecida mas novedoso, ya que muchos de los animales que
vimos ya los habíamos visto en otros sitios. Y las playas y paseos
por la jungla, con menos gente hubieran sido mas mágicas. Aun así es
uno de los mejores parques de costa rica que hemos visitado, junto
con el de cahuita, nuestro favorito.
Además, hacía uno de los días mas
calurosos que hemos sufrido aquí. 35 grados decían en las
previsiones, 38 marcaban a las 3 de la tarde los termómetros del
móvil. 27 por la noche a las 3 de la mañana sin poder dormir y
poniendo el aire acondicionado a ratos.
Escondidos debajo de unos arboles en la
playa, pasamos el día leyendo, bañandonos en las caldosas aguas del
pacifico que no refrescan nada y viendo pasar a nuestro lado lagartos
de distinto tamaño con total impunidad, acercándose a nuestra bolsa
de bocadillos a ver si había suerte y podían llevarse un bocado de
algo. En la otra playa los ya conocidos mapaches se encargaban de
robar abiertamente a los turistas despistados sus bolsas de comida o
de basura. A estos atrevidos ladrones de pata blanca no les intimida
un adulto humano.
Los mas divertidos fueron unos titis
jugando en medio del camino. No pude hacerles fotos porque no paraban
quietos, pero en el vídeo se ve como uno sale de detrás de mi,
después de dejarse caer de una rama sobre el gorro en mi cabeza y
olisquearme los tobillos. Malandrines !!! jajajajaja.
Visita obligada después de salir del
parque y tomarse un buen coco helado, o pipa helada como las llaman
aquí, es ir a ver el Bar del avión. Un Bar hecho alrededor de los
restos de un hércules probablemente, que parecía salido de alguna
película de Indiana Jones y con unas vistas estupendas al mar.
Aunque la mejor puesta de sol sigue
siendo la del Barba Roja, donde repetimos volveríamos a hacerlo cada
día sino fuera porque mañana marchamos de vuelta a San José y de ahí
a nuestro Londres querido.
Ha sido un viaje fantástico y un país
increíble al cual seguro que volveremos.
Pura Vida !!!!











































